Sinopsis

Kat tiene una vida normal. Solo una cosa no cuadra en ella: su nuevo vecino, Ethan Mckenzie.
Luego del accidente con su hermana Liz, todo apunta hacia Ethan. Él guarda un enorme secreto y ella esta dispuesta a descubrirlo.
Aunque eso implique un gran riesgo...
Las playas de Australia, con su interminable sol y sus codiciadas olas, serán testigos de la mayor aventura que pueden vivir dos jovenes con un romance peligroso.

martes, 22 de enero de 2013

Capitulo Tres: Primera Parte


Estábamos a media mañana y el calor era insoportable. Salí de la clase de francés y me dirigí al baño de mujeres del instituto. Me paré frente al espejo y mojé mi cara con agua bien fría, aunque no fue suficiente.
No me había puesto maquillaje, ni base o rímel, con tanto calor corría con el peligro que se derritiera en mi cara. Como pude, usando mis manos de cepillo, arreglé mi pelo y lo até haciéndome una cola de caballo. Me mire en el espejo por última vez y descubrí que Brianna no se equivocaba tanto, siempre decía que yo tenía el cutis de esas modelos de cremas rejuvenecedoras que daban en la televisión española que ella miraba. Salí del baño y me dirigí a mi casillero.
La idea de tenerlo a Ethan persiguiéndome me asustaba bastante. No había dejado de pensar en él en todo el fin de semana. Cada vez había más misterios que lo rodeaban (hasta ahora solo eran dos, pero estaba segura que guardaba muchos otros).
No le había contado a nadie sobre mis sospechas, era obvio que no iban a creerme. Por el momento, estaba decidido que no iba a hablar con nadie sobre eso, era muy probable que yo me imaginara todo solo por el simple hecho que no había visto a nadie más que a él entrar en su casa. Era demasiado ilógico.
Abrí la puerta de mi casillero y comencé con la típica rutina de cambiar libros de estudios.
  -No te he visto en la entrada- levanté la vista sobre mi hombro y lo encontré a Ethan detrás de mí, casi hablándome al oído- ¿Sorprendida de verme?
No respondí, solo puse los ojos en blanco y suspiré, como si dijera: “¿Es lo mejor que tienes?”.
  -Te extrañé esta mañana, necesito nuevos tulipanes.
  -¿No hay nadie más a quién molestar?- cerré la puerta y me dirigí al patio exterior, con Ethan pisándome los talones.
  -Hoy me interesa hablar contigo.
  -Perfecto, ¿puedo preguntar algo?- asintió- ¿porqué me seguías el sábado por la tarde?
No recibí la respuesta que quería. En sí, no recibí ninguna respuesta. Solo se quedó en medio del pasillo mirándome. Me cansé de esperarlo, no podía creer lo que le había preguntado. Apenas estaba “segura” que había sido él.
No quería quedar como una tonta una vez más, no podía hacerlo en medio de todo el instituto, aunque nadie nos estaba escuchando.
Al final del pasillo vi a James, mirándonos a nosotros dos. Supuse que me estaba esperando. Le dirigí mi peor mirada a Ethan y caminé hasta donde James se encontraba.
  -Buenos días- me dijo cuando estuve a su lado, me saludó con un beso en la mejilla, me gustaba que hiciera eso- ¿Qué sucedía allí con Ethan Mackenzie?
  -Me preguntaba algunas cosas, nada importante.
No sé si fui yo, mi imaginación o la realidad, pero creo que a James no le gustó mi respuesta. No quise seguir con el tema, Ethan ya me parecía lo suficientemente siniestro como para seguir indagando. Yo tenía una sola idea clara: tenía que alejarme la mayor distancia posible de él.
Me senté en uno de los bancos del patio exterior, junto a James. Él me agarraba las manos y frotaba sus dedos contra mis palmas. Me gustaba eso, eran como unas “pequeñas” caricias. A veces Liz me hacía lo mismo.
Apoyé mi cabeza en su hombro y nos quedamos sentados en la sombra, viendo como otros alumnos iban y venían.
Cuando el timbre sonó, corrí a mi clase de álgebra, tenía que hablar unas cuantas cosas con Brianna. Necesitaba contarle lo que había pasado el sábado (evitando la parte de Ethan, si ella lo descubría iba a ser puro mérito suyo).
Me senté en uno de los bancos del fondo, porque si necesitaba hablar, el profesor iba a regañarme. Esperé a Brianna unos veinte minutos pero estaba retrasada. Era extraño que faltara a alguna clase, seguramente había una explicación.
Intenté prestar atención al profesor Gerald, pero Ethan apareció a la media hora del comienzo de la hora y, para mi desgracia, el único puesto disponible era el que Brianna no estaba ocupando. Él nunca asistía a álgebra conmigo, que tal si… realmente me estaba siguiendo.
¿Dónde estás? necesito hablarte. Kat
Luego de unos pocos minutos, el celular vibró en el bolsillo de mi uniforme.
Tengo que estar en ballet y luego voy a ver a Jake, lo siento. Te llamo esta noche. Bri.”
No quería estar junto a él, pero cuando se sentó a mi lado y me sonrió fue como si hubiera una barrera de defensa menos.
“Concéntrate. Muy bien. Ahora, concéntrate” me dije a mi misma unas ocho veces. Seguramente estaba ahí porque necesitaba horas extras. Solo eso.
La última vez que observé el pizarrón, estaban hablando de unos números algo raros. Luego giré la cabeza para ver por la ventana, era la única forma de no tener a Ethan en mi campo visual.
  -Debería presar más atención Cooper- el señor Gerald estaba parado justo frente a nuestra mesa, mirándome fijamente.
Me disculpé y prometí copiar toda la tarea en mi cuadernillo. Obviamente, esa tarea ya se había borrado y la fuente más cercana eran las anotaciones de Ethan. “Esto no puede estar pasando”.
  -Gracias- le dije cuando terminé de escribir, a toda velocidad y casi a los tropezones para poder salir del curso.
  -Un placer- respondió él guiñando un ojo y ofreciendo la misma sonrisa picarona de siempre.
A veces me molestaba que lo hiciera cada vez que le hablaba, significaba otra barrera derrumbada. Era perfecto derrumbando barreras.

domingo, 6 de enero de 2013

Capitulo Dos: Quinta parte.



A media tarde, Brianna me dejó en la biblioteca pública de Airlie Beach. No quedamos en nada para el día siguiente, porque ella iba a estar en el estudio de ballet hasta tarde, los fines de semana se encargaba de mejorar sus rutinas en una academia privada de Proserpine.
El edificio no era muy viejo, es más, su estructura era muy moderna. Era cuadrado y amarillo pastel (parecido al color de la casa de Ethan), en la parte superior tenía muchos ventanales con vidrios espejados y en la planta baja, había una puerta giratoria con más espejos. Bien moderno y lujoso. No hacía mucho tiempo desde que lo habían construido y la mayoría del material de investigación era nuevo, al igual que la sala de informática.
Entré y saludé a la recepcionista, Kate Coleman, una mujer de unos cincuenta años, a punto de jubilarse, con el cabello largo y canoso, ojos profundos y verdes, y un poco de sobrepeso. Desde mi comienzo con los problemas en el instituto, la saludaba todos los fines de semana.
Me dirigí directamente a la zona de literatura. Busqué el libro que necesitaba y lo llevé conmigo hasta la sala de informática para comenzar mi reporte. Saqué del bolso un pequeño cuaderno con algunas anotaciones importantes y me senté en una de las computadoras que estaban prendidas.
A mi izquierda, había dos computadoras más que estaban apagadas, y a unos tres metros, una chica pelirroja con un montón de libros junto a su máquina. Fácilmente se podía distinguir que necesitaba muchas más notas que yo.
En el otro extremo, un chico rubio con el pelo súper despeinado estaba intentando que la fotocopiadora funcionara, y junto a él, otra chica rubia lo ayudaba a lograrlo.
En menos de media hora, ya tenía casi diez hojas escritas. La tarea no era muy complicada, y yo ya había leído el libro. En teoría, la chica pelirroja se iba a desvelar mucho más que yo.
No tenía mucha más idea de que escribir, pero la profesora me pedía mi propia opinión. Tenía que pensar que le iba a decir, había que hablar de una forma madura y fingiendo que estábamos en la Europa Medieval. Todos éramos reyes, reinas o miembros de la corte en algún sentido.
No tenía la menor idea de que hacer, jamás había hablado de esa forma, y a los dieciséis años, no era normal usar aquel vocabulario.
Estaba aburrida y sin inspiración. Nunca me daban ataques de escritura en aquella biblioteca.
Me levanté y dejé mis cosas en el escritorio. Procuré agarrar mi teléfono, que era lo único con valor que llevaba conmigo, aunque en realidad no sospechaba que alguna de aquellas personas sintiera curiosidad acerca del reporte que estaba abierto en la pantalla.
Bajé las escaleras y sentí el ruido de unas monedas en el bolsillo de mi pantalón. La parte inferior de la biblioteca estaba casi vacía, solo podía ver a Kate hablando por teléfono con una de sus amigas. Junto a ella había una maquina de café instantáneo y como yo era una fanática del café, decidí gastarme mis últimas monedas en algo que me gustara.
Apreté el botón en la opción: expreso fuerte.
Me gustaba sentir el olor del café cayendo hacia el vaso de polietileno. Adoraba el calor y el sabor del café bien fuerte, ese que te mantenía despierto por horas y horas. En varias ocasiones, Brianna y yo habíamos compartido charlas importantes acerca de mi supuesta adicción a la cafeína.
Regresé a mi puesto con el vaso en las manos, contenta de estar un poco más inspirada en el informe. Antes de comenzar a teclear en la computadora, eché un vistazo a la calle, seguramente el día seguía igual de hermoso que al mediodía.
No podía creer lo que veía, el corazón se me aceleró un poco. Era demasiada coincidencia. El Jeep CHEROEE rojo que había visto en el estacionamiento de Sorrento y en la playa, estaba estacionado junto a la biblioteca. Los vidrios no eran completamente oscuros, pero no llegaba a distinguir quién estaba dentro. Apenas se veía una sombra masculina… supongo.
Me apresuré en escribir mi opinión personal acerca del libro. No estaba segura de cómo había quedado, pero debía irme de esa biblioteca lo antes posible. Estaba segura que aquella persona me seguía, era imposible  que tuviera el mismo itinerario un sábado.
No sé si era por causa de la paranoia, pero estaba algo nerviosa. Tal vez era el café.
Rápidamente, imprimí el informe, pero tuve que esperar que la maldita máquina quisiera andar. Guardé las hojas en una carpeta rosa que estaba en mi bolso y me encaminé a la salida. Noté que la chica pelirroja y los otros dos rubios, ya no estaban en la habitación. Tenía que llamar a mi mamá para que me buscara, no iba a dejar que me fuera caminando, era seguro.
Marqué su número y me paré junto al escritorio de Kate, no pensaba quedarme a solas en algún lado con alguien “asechándome”.
  -Querida, iré a comprar unos caramelos a la esquina.
¿Acaso era una especie de broma? Yo estaba casi temblando de miedo porque alguien me estaba siguiendo y a Kate justo se le ocurría salir a comprar golosinas.
Decidí conservar la calma y seguir con el plan de llamar a mamá. Sé que es algo exagerado, aún no estaba de noche y Airlie Beach no era muy peligroso, pero yo sabía que ese jeep me estaba siguiendo. Fue uno de esos momentos en los cuales no sé cómo o por qué, pero el supuesto sexto sentido de las mujeres, se pone alerta y es imposible de ignorar.
  -Kat, cariño, no puedo buscarte. Estoy en la fila del supermercado, esto es un lío… vuelve caminando que no pasará nada. Te amo.
No podía creerlo, mamá me había colgado. Eso no estaba pasando. Yo estaba sobreactuando. “Maldito café”.
Tranquilamente, esperé que Kate regresara  de la tienda de la esquina, lo cual no tardó en suceder. Me despedí y aunque no quería hacerlo, tuve que dejarla y salir al exterior.
Abrí  la puerta principal y sentí el sol del atardecer en mi rostro. Observé el Jeep rojo por unos minutos, quieta y bien parada en mi lugar. No sé si habré sido muy obvia, pero en unos pocos segundos, se puso en marcha y se largó.
Me relajé al verlo doblar a unas cuantas cuadras. Ya no me estaba siguiendo. O eso creía yo. Caminé por la playa, intentando pasar por lugares con gente, no era de esas tontas que en las películas de terror se meten en un callejón a investigar. Yo no pensaba terminar muerta en un basurero y que me identificaran por mi registro dental.
No sabía por qué, pero esa sensación de ser perseguida no se fue en todo el camino a casa. Recién a las pocas cuadras de mi hogar me tranquilicé. Aquello era totalmente improbable, yo estaba volviéndome loca. Tenía que dejar de tomar el café barato de la biblioteca, por mucho que me gustara.
Llegué a casa y encontré la camioneta de papá en la entrada del garaje. Al fin veía a alguien conocido, definitivamente iba a dejar de pensar en todo aquello.
Abrí mi bolso y comencé la eterna búsqueda de la llave de casa en el interior de un nido de ratas. Cuando la alcancé, se cayó al suelo. Me agaché, la tome con las manos y al levantar la vista, encontré el Jeep CHEROKEE rojo estacionado. Sin duda era el mismo. Estaba en la entrada de la casa de Ethan Mackenzie. Él me había estado siguiendo.
“Esto no puede estar pasando… MALDITO CAFÉ”.

Comentario de la autora

Hola lectores! Lamento muchisimo no haber publicado en tantos meses. Pero habia un problema con la cuenta y me costo muchisimo volver a recuperarla. Ahora sé que tengo que ser mucho mas cuidadosa!
De acuerdo, antes de publicar el siguiente capitulo, quiero compartir la nominacion a un TAG! Muchas gracias Paula! ♥   por nominarme!!

REGLAS.
Escribir 11 cosas sobre tí.
Escribir 11 preguntas para que contesten tus nominados.
Responder las 11 preguntas de quien te nomino
Nominar a 11 blogs con menos de 200 seguidores.

11 COSAS SOBRE MI
1)Tengo un nombre bastante raro. 
2) Soy una fanatica obsesiva de Harry Potter.
3)  Voy a una escuela Tecnica y alli me imagino casi todo lo que escribo (mientras desarmo motores y cosas por el estilo)
4)Una vez mate una libelula y me largue a llorar.
5)Como sabran, gracias al punto 4, odio la violencia y amo los animales.
6)  Me encanta la musica de Taylor Swift.
7.  Vivo en un lugar que tiene un paisaje hermoso, con rio y mar!
8.  Adoro el color rosa :)
9. No soy buena deportista..
10.  Soy rubia y tengo rulos..
11. Amo el VERANO!

PREGUNTAS DE ANGELA
1. ¿Qué pelicula nunca olvidarás?
Harry Potter y Los Juegos del Hambre (son mis libros favoritos)
2. ¿Tu familia esta por encima de todo?
Mi familia y amigos (de verdad) son lo mas importante para mi.
3. ¿Qué piensas de los bloggers?
Me encanta que compartan sus cosas, al igual que yo, pero con respeto :)
4. ¿Fruta favorita?
Frutillas, cerezas, frambuesas... FRUTOS DEL BOSQUE!
5. ¿Qué piensas de las mechas californianas?
Son las de colores?? Me encantan las mechas de colores!
6. ¿Tienda favorita de ropa?
Mmmm, no tengo una favorita pero me gusta la ropa de Wanama.
7. ¿Libro favorito?
Los juegos del hambre Y Harry Potter!!!!!!!
8. ¿Prenda favorita?
Los vestidos.
9. ¿Lugar favorito para vivir?
Cualquier playa de Australia <3
10. ¿Blogger favorito?
Mmm, no lo sé. Posiblemente Chica Viajera (blog "Hola Mundo"). Siento que me parezco a ella y me gusta como escribe.

PREGUNTAS:
 
1) Estacion favorita?
2) Lugar favorito en el mundo?
3) Pelicula favorita?
4) Libro favorito?
5) Playa o montaña?
6) Por que quisiste escribir un blog?
7) Actriz favorita?
8) Actor favorito?
9) Que te agrada hacer con amigos?
10) Musica favorita?
11) Que opinas de mi blog?
 
NOMINADOS
1. http://irelep.blogspot.com.ar/
2. http://diariodeunachicaperdidaonormal.blogspot.com.ar/
3. http://diariodeunadirectionerenlondres.blogspot.com.ar/
Siento no nominar mas, pero tengo muy poco tiempo ahora! Adios!

sábado, 17 de noviembre de 2012

Capitulo 2: Cuarta parte


Caminamos por la playa dejando el coche en el estacionamiento del restaurante. En poco tiempo, llegamos a nuestro lugar favorito. Una zona en la que generalmente había gente joven, Brianna lo adoraba.
Nos recostamos en la arena sobre unas mantas verdes manzana que ella había llevado. Me puse mis lentes de sol y me quedé mirando las tablas que desaparecían en las enormes olas. La tarde era perfecta, la primavera hacía que estuviéramos llenos de días como aquel.
A un costado nuestro, había un grupo de chicos jugando vóley en la arena, según Brianna, eran súper “monos”. Detrás, se encontraba un pequeño parador con paredes hechas de troncos de árboles, que siempre tenía gente tomando jugos tropicales o comiendo nachos mexicanos.
Algunas veces, Liz, Brianna y yo, habíamos ido a tomar juegos. A mi hermana le encantaba el coco y en aquel lugar servían los jugos de frutas en carcasas de cocos, con pequeños paragüitas de colores atados en las pajitas.
A mí me gustaban unos licuados de mango que preparaban con frutillas de papel que se enganchaban en el borde del vaso; y Brianna prefería otros de hielo picado, pulpa de frutillas y colorante rojo que se servían en vasos descartables de colores, con azúcar pegada en el borde.
  -Quiero esos de frutillas, ¿te invito el de mago explosivo?
  -Me has leído la mente.
Miré a Brianna mientras se alejaba hacía el mini bar y eché un pequeño vistazo al estacionamiento de la playa. Recordé que habíamos dejado el coche en Sorrento. Me puse a ver si, tal vez, encontraba el auto de alguien conocido, pero en su lugar solo vi el Jeep CHEROKEE rojo que había frente al restaurante.
Seguramente era una coincidencia, tal vez era alguien que estaba en la paya repleta de gente. Por detrás de mi hombro, intenté mirar disimuladamente para ver si reconocía a alguien que estaba junto a nuestras mesas. Pero ningún rostro me parecía conocido, por lo general, cada cara quedaba grabada en mi mente. Pero no aquella tarde.
En pocos minutos, Brianna apareció con un vaso de “mango explosivo” en una mano y otro de “frescura natural”.
  -¿Se puede saber a quién miras tanto, acaso buscas a alguien?
  -El Jeep rojo que estaba en Sorrento está aquí también.
  -Sí, y el problema es…
  -No sé, pero ¿no nos estarán siguiendo?
  -Por favor Kat- acomodó los anteojos y bebió un poco de jugo- es una persona con tanto tiempo libre como para seguir a dos chicas un sábado por la tarde. Señor/señora, necesita una vida ¡ya!
  -No es eso, pero es… extraño.
  - Yo creo que estás paranoica, agarra el vaso, mira los chicos y disfruta de la tarde.
Hice caso a los consejos de Brianna, seguramente estaba enloqueciendo por el estrés y la cantidad de cosas que pasaban por mi mente.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Capitulo 2: Tercera Parte




Una mesera vino a tomar nuestra orden, yo pedí una ensalada de algas y verduras frescas con limonada bien fría; Brianna pidió unos langostinos empanizados y papas fritas (obviamente, yo planeaba robarle algunas para mí misma).
El teléfono de Brianna sonó y la foto de Jake Dylan apareció en la pantalla sobre nuestra mesa. Estaban intentando “algo” desde un mes antes del accidente. A ella le gustaba hacía casi un año, pero según su protocolo de citas (el cual nunca rompía), debían compartir gustos, lo cual no había sucedido… aún.
El problema era que Brianna no iba a renunciar tan fácil, Jake era realmente su tipo. Tenía el pelo muy oscuro y lacio, no muy largo pero con mucho estilo; sus ojos era celestes, casi tan claros como los de Christie (pero a ella nadie le ganaba); era alto y atlético. Jugaba al futbol, surfeaba con James todos los fines de semana, no tenía muchos problemas en las materias del instituto y, para mejorarlo todo, no era para nada mujeriego. Apenas tenía una corta lista de citas que casi nunca llegaban a algo más. Según Brianna, él era perfecto.
Dejé que ella hablara con Jake, de no hacerlo, no me lo perdonaría jamás porque nunca me impedía a mí cuando hablaba con su hermano James.
Brianna salió al balcón que había con vista al mar y yo me quedé sentada en la mesa, esperando nuestro pedido.
El mar estaba agitado, con olas enormes y bien claras. Amaba verlas y oírlas romper en la costa.
Desvié mi mirada hacia las ventanas que daban a la calle. En el estacionamiento se veía el coche de la señora Parks y otros pocos, el lugar no estaba muy lleno aquel día. En una de las esquinas, encontré un Jeep CHEROKEE rojo, muy hermoso. En mi opinión, los autos como aquel, eran los más lindos. Me encantaban los deportivos, de esos con los que podía recorrer kilómetros y kilómetros sin tener que preocuparte por nada.
Lo contemplé por unos minutos, hasta que la mesera llegó con nuestros pedidos. Todo olía delicioso. Golpeé la ventana y Brianna entró nuevamente al oírme.
  -Kat, mi mejor, excelente amiga, Kat.
  -¿Qué quieres?
  - Jake quiere que vayamos a comer juntos a un lugar divino de Proserpine, pero como las cosas entre nosotros no nos salen muy bien últimamente, me preguntaba si pueden venir James y tú con nosotros.
  -Ni lo sueñes, no soy buena en las citas y mucho menos cuando la señorita Brianna Parks está presente.
Nos quedamos calladas, la única persona a la que Brianna nunca lograba convencer, era yo. Cuando tomaba una decisión era definitiva, nadie lo sabía mejor que ella.
  -Vamos, llevan saliendo bastante tiempo y aún no pasa nada- me reprochó mientras comía un langostino- mi hermano debe adorarte si aún sigue esperando muy esperanzado.
Puse los ojos en blanco y le robé una papa, me era muy incómodo hablar de James frente a Brianna. Éramos mejores amigas desde la primaria, pero él era su hermano y cambiaba todas las cosas.
Nosotros llevábamos “saliendo” desde que yo salí del hospital luego del accidente. Él me había ayudado mucho, pero estábamos en la mitad de amigos y novios. Yo no estaba lista para una relación, y mucho menos con James. Él estaba al tanto de lo que yo pensaba.
 Nos llamábamos por teléfono, hablábamos y nos divertíamos juntos. Pero, como Brianna ya lo había dicho, nada pasaba entre nosotros.
James me había dicho que estaba dispuesto a esperarme, porque la situación que estaba atravesando era difícil.
De un día para el otro, Liz se había mudado con nuestra abuela materna en Auckland, porque tenía que comenzar la rehabilitación, lo cual iba a llevar años.
El choque la había dejado en una silla de ruedas y en la capital de Nueva Zelanda, había una estupenda clínica para personas con aquellos problemas.
Ninguno en la familia podía creer que era lo que había pasado, nos negábamos ante la idea de no tener a Liz en nuestra casa y peor aún, a la idea de que tal vez, estuviera en aquella silla por siempre.
  -¿Estás segura de no venir?- no podía creer que Brianna estuviera dispuesta  dar un segundo intento ante mi negación- es hoy por la noche.
  -Estoy segura, necesito que me dejes en la biblioteca al salir, tengo que hacer algunos reportes.
Yo había pasado dos semanas en el hospital luego del accidente, y al salir, no estaba lista para comenzar el instituto. La idea de atravesar aquel camino nuevamente, no me fascinaba. Por eso, pasé otras dos semanas en casa. Brianna y James me visitaban de vez en cuando, ella me llevaba la tarea y me contaba los chismes y él me hacía compañía. Al cabo de otras dos semanas, ya estaba segura de volver a mis estudios.
El problema era que yo no quería suspender y tener que ir a la escuela de verano o repetir el año. Necesitaba ponerme al día y volver a tener buenas notas, pasaba casi todos los fines de semana estudiando para recuperar las materias.
Brianna me preguntó sobre la nueva vida que llevábamos. Al principio, no quise hablar de eso, pero lo necesitaba. Ella era mi mejor amiga, ¿Si no le podía confiar mis emociones y sentimientos, de que servía seguir siendo amigas?
Le dije todo lo que necesitaba sacar de mi interior. Lo culpable que me sentía sobre aquella noche y lo difícil que era despertar cada mañana y darse cuenta que ya no había carreras al baño o alguien que te hiciera la trenza espiga. Necesitaba a mi hermana en casa, no solo yo, mis padres también.
Mamá la llamaba todos los días, pero había veces en que Liz no tenía ganas de recibir visitas o llamadas, y yo la atendía. Sabía que Brianna no lo entendía a la perfección, pero al menos me escuchaba. Ella no conocía lo que era ver a tu madre llorando al colgar el teléfono, sintiendo que hace todo mal por no poder ayudar a su hija.
Tampoco podía entender lo que era ver que su padre tomara cada turno de emergencia que había en el hospital para pagar los gastos que requería la rehabilitación. No veía a papá casi nunca, y cuando estaba en casa, trataba de hacerle saber que yo estaba bien para no lastimarlo más de lo que estaba.
Christie nos llamaba casi todas las noches para asegurarnos que estaba bien, porque mamá no quería perderse ningún detalle de su vida, y necesitaba saber que no le faltara nada.
Por mi parte, me sentía vulnerable todo el tiempo. Intentando entender porqué nuestra familia había cambiado tanto. Intentando comprender si la persona que se cruzó en nuestro camino estaría consciente de lo que había causado o simplemente no lo recodaba.
Me sentí mucho mejor al escuchar las palabras de mi amiga, sabía que Brianna no me dejaría sola ni por un instante.
  -Tranquila, el tiempo lo cura todo- en mi caso estaba tardando bastante- pero estoy aquí para lo que necesites, sabes que siempre podes contar conmigo… soy tu mejor amiga y quiero que lo recuerdes todo el tiempo.
Adoraba cuando Brianna soltaba su lado sensible. A veces, pensaba que yo era la única persona que lo conocía. Era complicado que ella le hablara de esa manera a alguien. Sus padres eran muy estrictos y yo siempre fui el apoyo que ella necesitaba. Los señores Parks querían hijos perfectos, y les daban todo lo mejor para que lo lograran.
Para James nunca fue un inconveniente, él era “realmente perfecto”. Mientras que Brianna lo intentaba todo el tiempo: se anotaba en cada deporte que podía, asistía a ballet, sacaba buenas notas, salía a correr, entrenaba en un gimnasio, tomaba tres clases de idiomas particulares (español, francés e italiano), era parte del periódico escolar, del consejo de estudiantes y ayudante de la dirección. Como si todo eso fuera poco, cuando la necesitaba (como lo hacía desde el choque), siempre estaba para mí. No podía quejarme de no tener alguien en quien confiar, Brianna era la persona más generosa que había conocido en mi vida. Me conocía como nadie en todo el mundo, y me hacía reír sin importar las circunstancias.
  -Bueno, el melodrama ya pasó- intentó cambiar de tema secándose una lagrima que asomaba en uno de sus ojos, corriéndole el maquillaje- mira lo que logras que haga.
Asentí, sonriendo, era gracioso verla haciendo esas muecas.
  -Cambiando de tema- me apuntó con una papa que tenía kétchup en la punta- quiero que me cuentes que pasa entre ustedes.
  -¿Quiénes?
  -No te hagas la tonta Kat, me refiero a James.
Puse los ojos en blanco, ella sabía que ese tema no me gustaba, pero yo no podía seguir evitándolo. Ella era mi amiga, y aunque James era su hermano, era un chico que me quería. Hablar de él, era lo que cualquier otra adolecente haría. Además, necesitaba aclarar mis ideas acerca de James, aun no sabía qué hacer y tenía que decidirlo. Él no me iba a esperar toda la vida, pero al mismo tiempo, no me presionaba.
  -Antes que nada, yo quiero saber si él te gusta realmente… eres mi mejor amiga pero no quiero que ninguno de los dos sufra.
  -Sabes que me gusta, creí que realmente íbamos a llegar a algo el día de nuestra cita- respondí, escondiéndome en mi ensalada y en un sorbo del vaso de limonada- pero luego, pasó eso y aún no estoy lista… en casa pasan muchas cosas.
  -Puedo hablar con él y decirle que es lo que sucede.
  -Él lo sabe… se lo dije muchas veces- esto no se lo había dicho a Brianna, me daba vergüenza, pero ya no podía ocultarlo- por las tardes va a casa y tomamos un poco de café y vemos algunas películas.
  -Me gusta lo que oigo- puse los ojos en blanco luego del guiño proveniente de Brianna- en fin, quiero más ¿se besan, tu mamá lo sabe, se queda a comer, durante cuánto tiempo están juntos?
  -¡Brianna!- interrumpí- necesitas respirar durante esos atracones… se queda en casa y pasamos las tardes juntos, siempre y cuando él pueda y yo  esté de humor, me ayuda a estudiar, comemos algo, vemos películas, todo lo que a dije, pero no nos besamos porque aún no quiero.
  -AUN.
Solo sonreí, ya no quería seguir hablando de ese tema. Sentía que estaba roja de vergüenza y que iba a vomitar en cualquier momento. No podía creer que yo estuviera “saliendo” con el hermano de mi mejor amiga. Era una locura y ella iba a bromear con ese tema durante el resto de la eternidad.
Terminamos nuestra comida y la camarera  volvió a llevarnos la cuenta. No tenía mucho dinero para el postre, pero no iba a salir sin comer algo dulce. Yo amaba lo dulce.
Al final, me decidí por una copa helada de crema, frutillas, arándanos y moras. Por otra parte, Brianna solo optó por una porción de torta de limón, ella no era tan dulcera como yo.
Terminamos y pagamos la cuenta. Aún no eran media tarde, teníamos horas y horas para seguir juntas.