Sinopsis

Kat tiene una vida normal. Solo una cosa no cuadra en ella: su nuevo vecino, Ethan Mckenzie.
Luego del accidente con su hermana Liz, todo apunta hacia Ethan. Él guarda un enorme secreto y ella esta dispuesta a descubrirlo.
Aunque eso implique un gran riesgo...
Las playas de Australia, con su interminable sol y sus codiciadas olas, serán testigos de la mayor aventura que pueden vivir dos jovenes con un romance peligroso.

jueves, 18 de octubre de 2012

Capitulo 1: segunda parte



Pasé por la cafetería para buscar una bandeja con ensalada de algunos vegetales frescos y jugo de naranja. Hacía unos cinco años, me había convertido en vegetariana, si quería estudiar biología marina, tenía que intentar no lastimar los seres que me iban a dar trabajo en la zona de Airlie Beach.
A lo lejos vi a James Parks saludándome. No quería interrumpir entre sus amigos de último año, pero sentía ganas de hablarle (lejos de la presencia de Brianna) aunque sabía que no tardaría en aparecer a mi lado con su plato de hamburguesas y papas de todos los días.
Mejor que mi hermana no nos vea juntos hasta el final del día-. Recibí el mensaje a unos pocos minutos de ver a James con una carita guiñando un ojo-. ¿Te llevo a casa hoy?”.
“Claro-. Respondí-. Necesito transporte...
Te espero en el estacionamiento... x o x o”.
A los pocos minutos, como si supiera que era lo que estaba sucediendo, Brianna apareció quejándose de la profesora de química. Todos los martes era lo mismo. Yo asentía y largaba algún que otro cumplido cada cierta cantidad  de tiempo, mientras ella devoraba una papa tras otra.
Brianna y yo nos conocíamos desde primer grado. Ella siempre había asistido a los colegios de Proserpine. Su padre era arquitecto y su madre tenía un pequeño consultorio dental. De vez en cuando, James la ayudaba; por otra parte estaba Brianna, que odiaba meter su mano en la boca de otras personas y era pésima dibujando. Según ella, se iba a dedicar al cine, su sueño no era ser actriz, ella quería dirigir o producir o editar o algo o lo otro. Siempre tenía nuevas ideas para trabajar .Ya se había encargado de varias producciones escolares, como la obra de los chicos de primer año “Romeo y Julieta” o la escena de “Spartacus” que habían ofrecido James y sus compañeros en el acto de fin de curso del año anterior.
Luego del almuerzo, me dirigí a la clase de filosofía. A veces, iba llena de preguntas y otras, me sentaba en el pupitre como un hongo, todo dependía de mi humor. Pero esta vez no estaba ni muy preguntona o muy callada, era un estado normal que muy pocas veces se presentaba.
Mi compañera era Samanta Gibson, la hija de un empresario famoso en Sídney, aunque no pareciera, era mucho más tímida que yo. Sentarse junto a ella era algo aburrido, no hablaba en toda la clase y para colmo ni siquiera prestaba atención. Era como estar sola.
Durante ochenta minutos nos preguntamos acerca de unas estúpidas curiosidades que tenía Aristóteles. Casi me desmayo de aburrimiento, y el calor era bastante abrasador. Sin lugar a dudas, no podía esperar para llegar a casa luego del trabajo y recostarme en el sofá amarillo de la sala.
El estacionamiento del instituto estaba a la izquierda del edificio, en el medio del campus de los alumnos. El pasto era bien verde y todo parecía perfecto. En el medio estaba estacionado junto a otros pocos autos, la camioneta Land Rover DEFFENDER de James. Era un tono medio azul y estaba en perfectas condiciones, una de mis camionetas favoritas.
Lo saludé a lo lejos con una sonrisa y me acerqué a él. Sentí que el beso que me dio en la mejilla no duró lo suficiente, pero no estaba segura porqué. “Si Brianna me viera, le agarraría un infarto”.
Subí en el asiento del acompañante, pero luego del día que había tenido (con Brianna y sus charlas), me sentía mucho más nerviosa que otras veces en las que había viajado en ese mismo asiento. Como si todo hubiese cambiado.
De pronto, me pregunté porque a mis padres se les había ocurrido enviarme a un instituto a 25 kilómetros de mi casa ¿acaso en Airlie Beach no había otro colegio? La verdad, si lo había. Pero mis padres habían crecido en Proserpine y estaban enamorados del colegio público que había en la pequeña ciudad. Por eso, mi hermana mayor, Christina (Christie), había asistido a él, luego fue el turno de Elizabeth (Liz) y por último, era mi oportunidad de seguir los pasos familiares. Yo, Katherine Cooper, era la última Cooper en tener ese privilegio.
Faltaban diez kilómetros hasta mi casa. Ya estaba cansada, quería llegar de una vez por todas. El sol todavía no se había comenzado a ocultar y yo ya estaba deseando que lo hiciera.
   - Día cansador, ¿no?-. Preguntó James interrumpiendo mis pensamientos. Giré para mirarlo, y el sol iluminaba la mitad de su rostro. Me gustaba eso.
   - Ni te imaginas-. Sonreí.
   - Bueno, yo me preguntaba... podemos salir a comer alguna cosa luego de tu turno en la tienda.
   - Creí que tenías una fiesta- “¡No puedo creerlo!”
   - Bueno, puedo llegar más tarde- Quitó la vista del camino, me miró a los ojos y sonrió.
“¡OH, POR DIOS!”
   - Seguro- “Obvio que podemos”- Salgo a las siete.
   - A las siete será.
“¡Voy a tener una cita con James Parks! ¡Que alguien me despierte!”.
Cuando llegué a casa, papá aún estaba en el trabajo y Liz en la universidad. En el cuarto que antes era de Christie me encontré con mamá que lo había transformado en “oficina”.
   - Hola cariño- Apagó la computadora y fue conmigo a la cocina en el momento en que vio que yo había llegado- Creí que vendrías en autobús.
   - James me trajo, justo tenía que venir a Airlie- Dije, aparentando indiferencia, aunque por dentro estaba a punto de explotar para contárselo a Liz.
   - James… pasas bastante tiempo con él.
   - Mamá- Repliqué, yo no les escondía cosas, no era necesario que me presionaran.
   - Bueno- Se defendió haciendo un gesto con las manos en plan “no molesto más”- Hablé con Christie, viene en unos días, quiere pasar tiempo con la familia.
Adoraba que mi hermana nos visitara, hacía unos cuatro años que no vivía con nosotros. En la academia donde estudiaba Liz, se había recibido de psicóloga y ahora trabajaba en un consultorio de Sídney, a unos mil kilómetros de Airlie Beach.
Me cambié de ropa antes de ir a trabajar, en mi cuarto dejé el uniforme y me decidí por una pollera blanca y una blusa negra bastante sofisticada y casual al mismo tiempo. Luego de mi turno no iba a tener mucho tiempo antes de cenar con James, sin duda necesitaba lucirme. Me puse unas bailarinas celestes de cuero y me corregí el maquillaje que tenía desde la mañana. Al final, no quise desarmar la trenza espiga que mi hermana me había hecho. Me miré en el espejo y estaba perfecta, casual pero arreglada al mismo tiempo.
Tomé una cartera bandolera del perchero que estaba junto a la entrada de mi casa, guardé la billetera con el permiso de conducir y todo lo que se necesitaba, el celular y un pequeño frasquito de perfume.
   -Puedo llamar a Liz para que te busqué cuando termine el turno- Se ofreció mamá cuando fui a la cocina a despedirme.
   -No, gracias... James me invitó a cenar- “Tendría que asegurarle que nada mas va a suceder”- Puede buscarme cuando termine de cenar- “Perfecto”.
   -Le avisaré- Era increíble lo disimulada que mi madre podía ser, era una de las razones por las que no tenía muchos problemas en hablar con ella, como la mayoría de las adolecentes- Kat, cuídate mucho.
   -Si mamá- Dije desde la puerta de entrada- Te quiero.
La tienda de surf “SURFIN'” no quedaba muy lejos de casa, a unas pocas cuadras. Estaba frente al mar y por lo general, los martes no había mucho movimiento. El jefe era amigo de mi papá y me permitía hacer los deberes en el mostrador del local cuando no había clientes. Recuerdo que antes de irse a estudiar, Christie trabajaba en la misma tienda, pero cuando se tuvo que mudar, Liz tomó su lugar. Hubiese sido divertido que yo tomara el lugar de Liz, pero ella renunció a las pocas semanas porque había conseguido otro empleo: ayudante en el grupo de teatro del instituto de Airlie Beach.
Vivíamos en una pequeña ciudad, no más de cinco mil habitantes. El verdadero movimiento se veía durante las vacaciones de verano, cuando los turistas se acercaban a surfear, pero no iban por muchos días. Generalmente se hospedaban en Sídney, luego nos visitaban por dos o tres días y más tarde regresaban a la capital de Australia.
Sin duda, era mi lugar favorito en el mundo. Yo no conocía muchos otros lugares además de Proserpine y Airlie Beach. En algunas oportunidades, había viajado a Sídney y Auckland, cuando tenía catorce años, había ido con la escuela a conocer las playas de una ciudad llamada Esperance. También, cuando tenía doce años, habíamos ido en avión a Los Ángeles, la ciudad en donde nació mi padre, para visitar a mis abuelos (pero desde entonces, ellos nos visitaban a nosotros). En fin, de todos los lugares que conocía, fuera y dentro de Australia, mi favorito era Airlie Beach. No me gustaban los lugares con mucha gente o fríos, a mi me agradaba la playa, poder caminar descalza sobre la arena tibia, nadar en las aguas cristalinas del mar o deslizarme sobre las “mejores olas del mundo”, de vez en cuando, bucear en arrecifes de corales o salir a correr con Brianna. La idea de vivir en ese paraíso, me fascinaba.
Las calles hasta el mar no eran muy movidas, sobre todo las de mi vecindario. Las casas eran distintas, ninguna se parecía a la otra. Como la mía, que tenía paredes en desniveles, un pequeño balcón con barandas de madera y ventanas modernas blancas de aluminio; algunas paredes eran de ladrillo barnizado y otras azul cielo. La puerta era blanca igual que cada ventana. Tenía un enorme ventanal con cortinas que no dejaban ver al interior salvo que se corrieran.
En la vereda, el pasto era bien verde y podado. Mamá tenía unos tulipanes rojos junto a la puerta del garaje y un enorme jazmín junto al ventanal del cuarto que ahora se había transformado en oficina. No es por presumir, pero era realmente hermosa. Me encantaban los colores o las mezclas del ladrillo con blanco y azul. Moderna, rustica y cálida al mismo tiempo.
Llegué justo a tiempo antes que Zeth, el chico del turno anterior, se fuera. No había mucho para hacer, así que navegué por internet los primeros cuarenta minutos. Hacía calor, pero era martes, tal vez esa era la razón del poco movimiento que había en la zona.
   -Hola- Levanté la vista de una revista de paisajes que había encontrado en el mostrador y lo vi a Ethan parado frente a mí.
   -Hola- Respondí con mi mejor sonrisa falsa, apenas hacía poco tiempo desde que vivía allí  y ya era normal verlo comprando cera de coco para su tabla- ¿En qué puedo ayudarte?
   -Lo de siempre- Respondió dedicándome otra de sus encantadoras sonrisas, hay que admitir que eran muy lindas, aunque a mí no me inspiraban confianza- Cera de…
   -Coco- Completé la frase mientras la buscaba en uno de los estantes- Son diez.
Le cobré y me aseguré de parecer ocupada para no crear conversación. Cuando salió, me quedé mirando de reojo hacía la playa, donde estaba pasando la cera y el gel por la tabla. Yo adoraba el olor a coco, era mi favorito de todas las que vendíamos. Siempre que Ethan la compraba, yo aprovechaba para olerla en “secreto”.
A lo lejos lo veía, con la misma tabla de siempre, una que nunca me llamó la atención salvo cuando estaba cargando su tabla. Era hermosa, blanca con flores hawaianas turquesas y espirales negros. Una combinación perfecta junto a la cera de coco.
Cuando mi turno acabó a las siete, en el estacionamiento de la playa me encontré con la camioneta de James esperándome. Justo mientras salía, me topé con Ethan y él hablando junto al auto de mi vecino.
  -Hola- Dije en un intento por unirme a la conversación, pero Ethan me había robado a mi pareja- ya podemos irnos.
Ambos se despidieron y a mí me agarraron unos escalofríos, no confiaba plenamente en Ethan, no conocía a su familia y apenas lo veía en el instituto. No lo quería cerca de mi vida privada.
James y yo fuimos a un parador en una playa un poco alejada de mi casa llamado “Betty's Beach” uno de mis favoritos.
 Las paredes estaban pintadas de blanco con “manchas” en los distintos tonos del azul. Las mesas eran de madera negras con aspecto de gastadas y tenían jazmines en el centro (mis flores favoritas). En una de las paredes que no tenía ninguna mancha, había muchísimos cuadros de colores abstractos, como imitaciones de Picasso. Todo era moderno y ordenado, el único lugar de la ciudad que siempre estaba con más de diez mesas ocupadas.
   -Buenas noches- Nos saludó una camarera que parecía ser nueva, no la había visto en ese lugar antes- ¿Qué puedo servirles?
Miré a James que me alentó con la cabeza para que pidiera lo que yo quisiera. Miré la carta pasando de la sección de carnes. Me decidí por una ensalada Warholl que parecía realmente deliciosa (con champiñones, quesos de todo tipo, palta y rúcula) y jugo de frutas con mango, naranja y maracuyá para beber. Me sorprendió que James no pidió nada de carne: un omellette con queso y tomates más un jugo de naranjas.
   -Supe que eras vegetariana.
   -Hace uno años- Respondí- ¿Tú también?
   -Bueno, creo que debo empezar a cuidarme, pero no del todo.
La comida no tardó en llegar, todo estaba delicioso. El plato de ensalada era demasiado grande, así que no pude terminarlo del todo, pero el jugo sí que lo acabé. Nunca había probado algo con tanta mezcla de sabores, era dulce, agrio y explosivo al mismo tiempo.
   -La pasé realmente bien- Le dije a James mientras nos retirábamos del restaurante.
El me sonrió y yo sentí el impulso de besarlo en la mejilla. Lo hice y su sonrisa se agrandó aún mas, era realmente perfecto. Nunca me presionaba a nada, era amable y muy lindo. Me había tratado muy bien esa noche y realmente me había divertido.
De pronto, deseé no haberle dicho a mi madre que Liz me buscara. Quería que él me acompañara a casa, pero no fue posible, porque a los pocos minutos lo despedí y caminé hasta la esquina para subir a nuestra camioneta.
   -Bueno, son casi las diez y subiste con una sonrisa- Dijo Liz ni bien me acomodé el cinturón de seguridad. Yo solo sonreí aun mas- ¿Te besó?
   - Somos amigos- Respondí aunque ambas sabíamos que era una mentira gigante.
   -Si no lo buscas tú, tarde o temprano, Christie o yo iremos a por él- Su comentario me dio mucha gracia, porque no era seguro, pero sabía que Liz no mentía- Simplemente míralo- Ambas vimos por los espejos retrovisores mientras el auto se ponía en marcha- Es lindo, tiene esa sonrisa y esos ojos profundos que ¡Oh dios mío!
Era imposible hablar seriamente de chicos con mi hermana. Ella era capaz de unirse a un equipo de algún deporte que no le gustara solo para impresionar a un chico, luego siempre terminaba contando la verdad, lo que hacía que el chico la quisiera aún más. Cuando tenía quince se anotó en el equipo de atletismo para impresionar a Joey Bauska, terminaron juntos por seis meses y resultó que le gustó el atletismo. De vez en cuando se unía a nuestras salidas con Brianna.
   -Oye, no quiero molestar, pero ¿Recuerdas a mi amiga Jane?- Asentí con la cabeza- Bueno, se mudó a una casa en las afueras, casi llegando a Proserpine pero tiene unos papeles que necesito con urgencia para mañana, ¿No te molesta que los busquemos?
No tenía absolutamente nada que hacer, y si la noche anterior me había acostado tarde y había sobrevivido al día de instituto, supongo que podría hacerlo una segunda vez.
 Al cabo de veinte minutos, estábamos en una pequeña y verde estancia con una enorme casa blanca y una galería en el frente. El techo era rojo al estilo colonial igual que las ventanas y puertas de madera.
Me quedé esperando en la camioneta a que Liz volviera con los papeles que necesitaba, apenas eran las diez y media, mis padres no iban a regañarme, después de todo estaba en compañía de un mayor de edad (mi hermana tenía 19).
Apreté el botón de encendido en el estéreo y la música de Elvis comenzó a sonar en los parlantes. La canción era bastante pegadiza.
Me concentré en mirar las estrellas, el cielo estaba lleno de ellas. Cuando el cansancio me asechaba, igual que aquella noche, me encantaba recostarme en la hamaca paraguaya que colgaba entre dos árboles en el patio trasero de casa y mirarlas hasta dormirme. Airlie Beach era muy tranquilo y no siempre hacía frio, dormir afuera era cuestión de gustos, y mi hermana Liz y yo compartíamos varios.
Bajé la vista hacia la salida de la casa y de mi interior se desprendió un grito de espanto. Juro que los vi a James y a Ethan, uno a cada lado del hogar de Jane ¿Qué estaban haciendo allí?
Abrí y cerré los ojos unas cuantas veces, seguramente el cansancio me estaba haciendo ver cosas que no existían, como alucinaciones. Volví a mirar a los costados de la casa pero ninguno de los dos estaba allí. El corazón me latía muy rápido, estaba segura que eran ellos. Yo no había visto siluetas o sombras.
 James miraba a Ethan quien me observaba fijamente, asegurándose de no perder ninguno de mis movimientos. Sus ojos verdes estaban clavados en mí, sin pestañear ni moverse. Me miraba sin demostrar absolutamente nada.
Estando un poco nerviosa, intente distraerme mientras esperaba a Liz. Miré en el asiento de atrás y encontré unos papeles (era normal que cuando estaba aburrida en el auto, comenzara a revisar las cosas) los saqué de un sobre de papel madera en el que estaban metidos y encontré las calificaciones de mi hermana. Al verlas, no podía creerlo. Todas eran perfectas y con honores, sin duda era el orgullo de la familia. Ni siquiera Christie había logrado algo como eso. Era seguro que Liz iba a conseguir ese auto que tanto quería. Estaba feliz por ella.
Subió nuevamente en el asiento del conductor y yo le comenté lo de las notas. No quería hablarle de mi alucinación porque seguramente iba a pensar que no podía sacar de mi mente a James y a nuestro apuesto vecino.
   -Es una sorpresa, no quiero que lo sepan para que se preocupen, luego quiero contarles.
Procuré guardar el secreto. Mamá y papá iban a estar como locos, una boleta de calificaciones como aquella merecía un muy buen reconocimiento, igual que Liz.
   -¿Cómo fue que lo lograste?
   -No lo sé, supongo que estudiando... deberías probarlo alguna vez.
Solo reí sobre su comentario, mis notas también eran bastante buenas. Quise contestarle, pero una luz blanca y un destello azul en el camino nos cegaron a ambas.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Capitulo 1 (parte uno)



Desperté, como todos los días, con un mensaje de mi mejor amiga Brianna. Me preguntaba si podía pasar a buscarla, pero el instituto me quedaba a veinticinco kilómetros de casa y a ella solo a diez cuadras... no hay nada más que explicar.
“Me despertaste-. Escribí en el teclado, aún dormida-. No puedo, Liz me lleva porque necesita el coche”.
Mi cabeza me daba vueltas. La noche anterior, Liz y yo habíamos visto dos películas mientras tomábamos café para no dormirnos. Ahora estaba sintiéndome pésima y no quería ir al instituto, pasar el día en Proserpine no me llamaba la atención en absoluto.
Salté de la cama en un mínimo intento por parecer estable y sin “resaca”. Estaba usando un pijama azul y blanco que mi hermana Liz me había regalado en mi último cumpleaños. Desde entonces no dejaba de usarlo, de todos era mi favorito.
- Arriba chicas-. Se escuchó la voz de mi mamá desde la cocina-. El desayuno está listo.
- ¡En camino!-. Contestamos mi  hermana y yo al unísono desde nuestros respectivos cuartos.
Corrí hasta el baño, era una especie de carrera que hacíamos con  Liz  para ver quién lo ocupaba primero, pero por alguna razón ella siempre me ganaba. Esperé cinco minutos a que saliera, pero no estaba dispuesta a seguir esperando. Al final, terminé duchándome en el baño privado del cuarto de mis padres.
Cuando terminé, comencé con mi “ritual de producción” frente al cuarto del baño (odiaba no estar arreglada). Con un cepillo y un secador de pelo, peiné mi pelo rubio. Mis amigas estaban convencidas que me había hecho reflejos, pero yo tenía mechas naturales. Cuando terminé con él, apliqué un poco de corrector bajo mis ojos, no quería que se notara que solo había dormido cinco horas y media. La magia terminó cuando el rímel, el delineador y las sombras de iluminación dejaron mis ojos azules como nuevos. Es impresionante lo que un poco de maquillaje puede hacer. Apliqué brillo transparente en mis labios y me contemplé frente al espejo, nunca necesitaba color en mis mejillas, siempre estaban rosadas (salvo cuando corría que se ponían algo rojas).
En el ropero de mi cuarto encontré el uniforme del instituto. Era algo extravagante (además Liz decía que me parecía a una alumna de la escuela Howarts, en Harry Potter), teníamos que usar un jersey verde “loro” con un costado amarillo y el logo de “Proserpine State High School”. Abajo nos poníamos una pollera-.short negra y cualquier tipo de zapatillas, las mías eran unas converse blancas. Luego de unos veinte minutos, estaba lista.
Mi casa solo tenía un piso, así que caminé desde el fondo del pasillo (donde se encontraba mi cuarto), hasta llegar a la enorme cocina, donde estaban mi mamá y nuestro perro labrador retriever dorado, Elvis (Liz adoraba la música vieja, sobre todo al rey del rock).
- Buenos días princesa.
- Hola mamá-. Dije sentándome frente a mi tazón de cereales y frutillas-. Hola Elvis.
Por supuesto, el perro no contestó, pero si movió la cola en señal de “si hago esto, ¿me das comida?”.
Nuestra cocina era algo rústica, en una esquina estaba la mesada con la cocina, la heladera y las alacenas de madera. En el centro había una isla de madera con piedra de granito blanca arriba, y en la otra esquina estaba el mueble en donde yo estaba sentada. Era un esquinero que consistía en una mesa y bancos de madera, en un tono clarito (para que combinara con el resto de la habitación), papá lo había comprado cuando construyeron la única casa en la que yo había vivido.
- Hola todo mundo-. Escuché la voz de Liz entrando por el mismo umbral que yo había atravesado hacía unos pocos segundos.
- Hoy hay bueno humor-. Dijo mamá riéndose mientras le daba su taza de café con leche-. ¿se puede saber por qué?
- Me van a dar las notas... papá me dijo que si aprobaba con el mejor promedio iba a tener mi propio coche, así Kat se quedará con la camioneta.
- Tu padre y sus locas promesas... aún estamos con las cuentas de su nueva camioneta.
Nosotros éramos una familia de clase media-alta, no nos sobraba el dinero, pero teníamos una casa con cuatro habitaciones, tres autos modernos y vivíamos en un paraíso tropical. Mis dos hermanas mayores habían asistido a la universidad y yo pensaba hacer lo mismo. Además, vivíamos en un lindo vecindario, cerca del mar, con casas igual de cuidadas que la nuestra. Mis padres tenían trabajo, Liz también, y yo no era la excepción.
Por las tardes, luego de la escuela trabajaba en una pequeña tienda de alquileres de tablas de surf. Amaba el surf.
-        Bueno-. dijo Liz mirándome-. no pensaras ir con el cabello así de aburrido.
No contesté, simplemente la miré. Me gustaba tener el pelo completamente suelto, mis hondas naturales hacían que se viera más brilloso y suave.
-        quiero peinarte... por favor-. no pude negarme, sus ojos de perrito triste siempre podían conmigo. Liz era mi segunda mejor amiga, igual que Brianna.
Antes de salir de la casa, yo tenía una hermosa trenza espiga colgando a un costado de mi rostro. Mi hermana hacía magia con el pelo, la manicura, la pedicura, el maquillaje, y todo lo que implicaba estética.
- Podemos pasar a buscar a Brianna-. Se ofreció mientras subíamos al coche.
- No es necesario, son solo ocho cuadras y es primera en la clase de atletismo... puede caminar-. Bromeé, aunque en el fondo era un poco cierto.
Hacía un año, mi papá se había comprado una camioneta Honda CRV blanca; su Honda CIVIC plateado se lo había pasado a mamá, entonces, Liz y yo nos habíamos quedado con la camioneta Land Rover DISCOVERY modelo 1996 color verde oscuro.
Antes de subir al asiento del acompañante, vi a mi vecino, Ethan Mackenzie subiendo a su Nissan SENTRA azul.
- Hola Ethan-. Saludó Liz, que siempre era sociable con todo el mundo-. Mamá quiere ver a la señora Mackenzie antes de salir al trabajo, ¿puede ir ahora?
- En este momento está ocupada, le digo luego-. Respondió él con la misma sonrisa de siempre, aunque a mí me parecía extraño que luego de dos semanas de ser vecinos, aún no conocíamos a sus padres-. Hola Kat.
- Hola-. Respondí volviendo la mirada hacia él, nuestras conversaciones se limitaban a saludarnos antes del instituto, Ethan no era el chico más simpático del mundo para mí-. Que tengas un buen día.
Subí al coche, y esperé a que Liz regresara de su charla con el vecino. A veces odiaba su sociabilidad, siempre tardábamos porque ella hablaba con la vecina, con el vecino, con mamá o papá; en sí, con todo aquel que pasara frente a nuestra casa.

El instituto al que yo asistía quedaba a 25 kilómetros de Airlie Beach (una pequeña ciudad en la costa noreste de Australia). Todas las mañanas, conducíamos la Land Rover hasta Proserpine, a veces iba sola y otras me llevaba Liz, dependía de quién necesitaba más la camioneta. Justo ese día, ella iba a necesitarla hasta tarde en la universidad de Sociología (una pequeña academia en Proserpine). Por eso, iba a tener que regresar a Airlie en el autobús, o en el coche del hermano de Brianna, que me había llevado a casa unas cuantas veces por culpa de los apuros familiares.
-        No puedo volver a recogerte-. Dijo Liz mientras yo bajaba de la camioneta-. Ten buen día... por cierto, el trabajo para esconder las ojeras es muy bueno.
Sonreí ante su comentario. Siempre bromeábamos sobre nuestro aspecto, me encantaba reírme con Liz, era una de mis mejores amigas y sabía todo sobre mí. Cuando Brianna y yo discutíamos o no podíamos vernos, Liz era mi mejor consejera, incluyendo el tema: CHICOS.
El instituto tenía paredes de ladrillo y otras de cemento, pintadas en ocre. Según Brianna (que veía muchas novelas españolas) el edificio era “muy mono”.
- Buenos días “monada”-. Giré y detrás de la puerta de mi casillero me encontré a la única persona que decía esa palabra en todo Proserpine. Brianna.
- Llegaste sana y salva-. Bromeé-. Necesitabas esa pequeña caminata de ocho cuadras.
- Ni hablar, esta figura no se consigue todos los días.
A Brianna le encantaba hacer ejercicio. Por las tardes, asistía al gimnasio o salía a correr. A veces me llevaba a casa luego del instituto y a cambio salíamos a correr juntas por las playas de Airlie Beach. Los fines de semana no nos veíamos mucho, porque ella trabajaba de niñera y yo en la tienda de surf (era cuando los turistas nos visitaban). Sin embargo, todos esos ejercicios que ella hacía, le resultaban súper bien. Su estomago era perfecto y en la playa (cuando usaba el bikini) le quedaba muy “mono”. Sin mencionar que era una de las personas con mejor cuerpo en todo el instituto. Tenía el pelo moreno y ojos marrones, con la piel bronceada todo el año y una sonrisa bien blanca, con dos pequeños hoyuelos en los costados.
- bueno, debo irme, la clase de español no se aprueba sola-. Dijo haciendo la misma mueca con la boca de siempre-. ¿Salimos a correr luego?
- Trabajo, Liz no puede buscarme-. Respondí, pero yo no hice la “mueca”-. Tomaré el autobús a Airlie, no me va a quedar mucho tiempo después.
- Estoy segura que James puede llevarte y ahorrarte un poco de tiempo-. Respondió guiñando un ojo.
- No pienso hacerlo luego de eso que hiciste-. Respondí, me daba vergüenza que bromeara de mi relación amistosa con su hermano.
- Por favor, él te adora, y si logro que salga con Katherine Cooper, va a hacer lo que yo diga por siempre... al menos en una cita.
- No-. Respondí secamente, para que sepa que esa era mi respuesta final.
James y yo nos conocíamos gracias a Brianna, aunque no eran hermanos de sangre porque lo habían adoptado. La historia en sí, no es muy triste porque los padres de Bri pensaban que no podían tener hijos, luego apareció James y un año después, un milagro creó a mi amiga. Él siempre había sido muy simpático conmigo. Sin embargo, no iba a salir con él por causa de Brianna. Prefería que él me invitara a salir si se presentaba la ocasión.
Dejé a Bri en su curso de español, mientras escuchaba sus reproches desde la puerta del aula. A unos pocos metros se encontraba mi clase: cálculo. No era mi materia preferida, pero me las arreglaba bastante bien.
Cuando la clase terminó, me dirigí al laboratorio para pasar la única hora del día con Brianna.
- Bueno, oficialmente, las novelas españolas me ayudan con el idioma-. Dijo junto a mí en la mesada llena de elementos químicos-. Voy a decirles a mis padres que es el nuevo método de estudio, no podrán regañarme.
- Perfecto-. Dije sin levantar mi mirada del cuadernillo de química.
- Hablé con James, te llevará con gusto.
- Brianna-. Levanté la vista.
- Él se ofreció luego de un insignificante comentario mío... dijo que tiene que ver a Ethan Mackenzie por un no- Sé- qué.
- ¿Ethan?-. Me sorprendí-. No sabía que eran amigos.
- No lo son, conocen un chico que cumpleaños esta noche y él le explicará a mi hermano cómo llegar... no me importa la vida social de James.
- No se nota.
- Me importa TU vida social, pequeña amiga, mi hermano es perfecto-. Guiñó otra vez uno de sus ojos-. Créeme, lo sé.
Pasé el resto de la hora tratando que Brianna dejara de hablar de su hermano. Aunque en secreto me gustaba que lo hiciera. James era el chico perfecto, era sensible y cariñoso, sus ojos eran marrones como los de Bri y sus labios rosados, bien lindos. El pelo era castaño claro con unas pequeñas hondas en las puntas. Al igual que su hermana, tenía la piel bronceada y un físico de “supermodelo”, según Liz. Si yo no hubiese sabido la historia de la adopción, él pasaría sin ningún problema como un miembro biológico de la familia Parks.
Cuando terminamos las clases en el laboratorio, dejé a Brianna tratando de convencer a la profesora de repetir un examen desaprobado, era muy  buena convenciendo a la gente.